viernes, 24 de noviembre de 2006

La dimensión europea del agua

Alonso Quijano no fue a Zaragoza, enfadado por lo que se contaba de él en la segunda parte apócrifa de sus aventuras, pero tuvo amplia relación con el río Ebro, “y el verle fue de gran gusto a don Quijote, porque contempló y miró en él la amenidad de sus riberas, la claridad de sus aguas, el sosiego de su curso y la abundancia de sus líquidos cristales, cuya alegre vista renovó en su memoria mil amorosos pensamientos.”

La exposición internacional de 2008 que tendrá por título “Agua y Desarrollo sostenible”, y que se ubicará –no sin polémica- en el Meandro de Ranillas, pretende integrar de forma definitiva el río en la ciudad, recuperando sus amenas riberas y, de paso, aprovechará para hincar la bandera aragonesa sobre las claras aguas. Aunque el programa de actividades del evento es amplio y variado, será difícil evitar que una parte del debate gire en torno a la transferencia entre las aguas del bajo Ebro y las cuencas internas de Cataluña, Júcar y Segura, desaparecida entre los preceptos de la Ley 10/2001 que recogía el último PHN, derogados por el R. D. Ley 2/2004.

La polémica sobre el agua conduce generalmente de las cuestiones técnicas a las económicas, y viceversa, y dada la diversidad de opciones, pocas veces se resolverán por consenso. Tampoco cabe esperar que las partes en litigio reconozcan ecuanimidad a quien pretenda dirimir en los conflictos que afectan a colectividades con intereses contrarios. Porque los trasvases y los embalses modifican las condiciones naturales. Porque ni el hipotético donante será tan excedentario ni el supuesto receptor así de necesitado. Se esgrimirán legítimas (junto a las que no), pero sesgadas, visiones parciales. Si existiera consenso no haría falta regulación, y no sería necesaria en estos predios la Directiva 2000/60/CE, conocida como Directiva Marco del Agua, cuyo énfasis está puesto sobre la necesidad de conjuntar las valoraciones ecológicas y las económicas del agua en la Unión Europea

Es decir, que aunque es imprescindible fijar un precio al agua, su valor económico no puede establecerse por la libre competencia y el mercado. Lo que no habrá de impedir que antes de 2010 deberán haberse incorporado al precio del agua, todos los costes correspondientes al ciclo del agua. El que contamina, debe pagar por el deterioro que causa.

Pero, desde la perspectiva ecológica, la protección de las aguas de la Unión deberá permitir alcanzar una buena calidad para todas ellas antes del 2015, determinada no solo por su composición químico-física, sino también por sus elementos biológicos y ecológicos. En muchos casos, no se podrá contaminar, ni pagando.

Considerar todos los costes y atribuirlos a sus causantes provocará, obviamente, un fuerte incremento de los precios del agua. Por su parte, la protección de los humedales, ríos y lagos de la Unión Europea, restringirá sus usos y supondrá el empleo de importantes desembolsos adicionales, que tendrá que soportar la colectividad.

Para celebrar el Día del Agua, la Comisión Europea ha difundido este 22 de marzo un documento realizado por cuarenta expertos en el que se concluye que el cambio climático está teniendo un impacto significativo sobre las aguas europeas. El nivel del mar ha aumentado entre 0,8 y 3 mm/año, y se teme que ese ritmo se duplique en el siglo XXI. El cambio de las líneas costeras, la salinización de acuíferos y humedales, y la modificación de los hábitats biológicos, traerá duras consecuencias sobre las poblaciones, no solamente humanas. El mismo Informe recoge que las precipitaciones en la cuenca mediterránea se redujeron en el período analizado un 20%, y es previsible que la escasez de agua generará fuertes tensiones entre los afectados.

El trabajo propone que la Unión Europea legisle con nuevos enfoques que tengan en cuenta las características de las diferentes regiones. En particular, aconseja que se analice la competencia por el agua entre las poblaciones y la agricultura, considerada como la actividad más vulnerable en condiciones climáticas desfavorables.

Habrá que seguir alimentando de sensibilidad, prudencia y solidaridad el cauce tormentoso de los intereses por el agua, aunque no estoy muy seguro de que resurjan siempre amorosos pensamientos. A salvo de lo que opinen Don Quijote y Sancho si se acercan esta vez, como yo les aconsejaría, a Zaragoza.

(Editorial de la revista Tecnoambiente, publicado en abril de 2005, de uno de los administradores)

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